La Casa Lobo: Perdidos como niños en el bosque

La Casa Lobo: Perdidos como niños en el bosque

Había una vez un país dentro de un país, del cual nadie podía escapar…   imaginaron hace mucho mucho tiempo atrás la dupla de artistas Cristóbal León y Joaquín Cociña, dando así inicio a lo que se ha convertido en su primer largometraje de animación stop motion. Proyecto producido por el también cineasta Niles Atallah (Lucía, 2010) y Diluvio, una compañía productiva/creativa de obras audiovisuales que suelen quedar fuera de las prácticas cinematográficas homogéneas. 

En proceso. León y Cociña

Fascinante en su mezcla de lenguajes y técnicas, de un imaginario personal e intransferible, y brillante desconstrucción del género, La Casa Lobo resulta una suma de impecables operaciones formales. Una obra cuyo proceso productivo se desarrolló por diversos espacios ligados a las artes visuales como una instalación en continuo movimiento. Hasta acabar  fijada en un objeto, cinematográfico. Tiempo -diez años, si contamos desde que nació la idea- que no afecta su ajuste con el presente.

Un artefacto que viene con instrucciones de uso: el cortometraje animado que introduce la película nos da la clave para “leerla”, al inscribirla en una tradición narrativa, la de los cuentos infantiles. Pero en su reverso oscuro. Matriz que usarán, duplicando sus figuras, modos y elementos (la pequeña María, huyendo de su comunidad, se refugia en una casita en el bosque donde encuentra a dos cerditos a quienes domesticará a su imagen y semejanza) para ilustrar su fábula sobre las ficciones del poder.

Secuencia de construcción – deconstrucción formal y de los personajes.

León y Cociña aciertan al leer, socialmente, como el poder político establece ficciones; interpretaciones de la realidad, para sostenerse1. Sean del Estado o de una hermética y siniestra comunidad asentada en un sur de Chile, tan verde y pastoril como la lejana y perdida Alemania nazi. Una representación, también, de las relaciones de poder, donde los personajes se construyen/desconstruyen ante nuestros ojos.  No así la narración, que nos guía sólida por esta casalobo en constante mutación. Pero cuando la fábula parece llegar a su núcleo secreto, cuando finalmente los monstruos toman forma, crecen y son, ésta se detiene, retrocede ante sus propias criaturas y autoclausura su sentido de forma clara, perdiéndose así la literalidad de la historia, que hubiese obligado al espectador a interpretarla por sí mismo. Es decir, ponerlo en peligro. Enfrentarlo y enfrentarse, sus mismos creadores,  al lobo.

Fotogramas de La casa del lobo, 2018. Transformación de Pedro y Ana en una ficción de María

Hay obras, como esta, que son su procedimiento y no el resultado. Pero La Casa Lobo, el objeto cinematográfico, resulta ser la parte menos feroz de un todo en continua expansión, si incluimos la instalación multimedia que se exhibe de forma paralela al largometraje y  donde sí se siente un inquietante y placentero abismo al encontrarnos las figuras de León y Cociña habitando en su ficción.  Un bosque, por fin, en el cual perderse.

León y Cociña habitando en su ficción

1) Piglia, R.  Crítica y Ficción.

Ficha Técnica

Dirección: Cristóbal León, Joaquín Cociña.

Guión: Alejandra Moffat, Cristóbal León, Joaquín Cociña.

Casa productora: Diluvio

Año: 2018

Producción General: Catalina Vergara, Niles Atallah.

Dirección de fotografía: Cristóbal León, Joaquín Cociña.

Sonido: Claudio Vargas.

 

 

Francisca Garcia, 2019

TRAILER
Cristóbal León
Joaquín Cociña

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